Cada que escucho que la vida y los deportes nos dejan enseñanzas similares, no me queda más que decir que es cierto.
Siempre he tratado de hacer analogías entre las situaciones que se viven dentro del terreno de juego, contra las situaciones en las que estamos en cada etapa de la vida. Lo interesante es que siempre son muy similares y se necesitan en algunos casos, de una mayor concentración para salir adelante.
A pesar de haber tenido la suerte y en otros casos, el privilegio de practicar ciertos deportes, es en las carreras de distancia donde pienso, desde mi punto de vista, que es donde las situaciones y el esfuerzo que se tienen que realizar para alcanzar una meta, es muy similar a la vida cotidiana, no solo porque requiere de cierta practica y dedicación para alcanzarlas, sino que además, siendo un deporte individual, el único contrincante y compañero en el 99% de la carrera y entrenamientos es uno mismo.
Muchos piensan (confieso que antes de practicarlo lo mismo pensaba yo) que en este deporte se trata de ver quien llega dentro de los primeros 3 lugares, si logran o no, romper alguna marca, y que todos los que terminan del lugar 4 al ‘n’, son perdedores. “Tal vez” y lo pongo con toda intención entre comillas, en algunos competencias pueda ser así, como las Olimpiadas, Panamericanos, Centroamericanos, o ese tipo de eventos, donde la meta es conseguir una medalla de oro, plata o bronce. Pero en el caso de las carreras de distancia, por llamarlas de algún modo “amateurs”, existen tantas metas y logros, como corredores inscritos en las competencias, que al igual que la vida diaria, tratan de hacer sus propias marcas, retos y superaciones personales que se hayan impuesto.
Cada que estoy entre los compañeros de competencia antes del disparo de salida, oigo infinidad de comentarios con respecto a sus expectativas para la carrera, “quiero hacer este tiempo”, “es mi primera carrera”, “nunca he corrido aquí”, “ojala y termine”, “es la primera vez que corro esta distancia”, etc. Esos son metas personales, donde al final, cada competidor sabe o no, si lo consiguió, y mejor aún, estará consciente si hizo todo lo posible por lograrlo.
Lo cierto es, que muchas veces, haciendo mi vida cotidiana, me encuentro con situaciones parecidas al deporte, donde tengo que aplicar tácticas y técnicas similares, para lograr superar alguna adversidad o salir adelante en algún proyecto, algunas veces utilizamos maña, en otras fuerza, en otras cerebro, y porque no decir, en algunas otras suerte. Lo que nunca imagine, o por lo menos nunca me había pasado, es haber hecho una analogía de mi vida cotidiana, para aplicarla al deporte.
El día domingo, nervioso y ansioso como la primera vez que corrí 10K, estaba a las 6:30am en el Wallmart Toreo, para competir en la 2ª. Carrera Wallmart, justamente en la distancia de 10K. Aún la luna se podía ver, en un cielo despejado, clima fresco y propicio para realizar la carrera, no esperaba bajar mi marca de 1:06hr, pues era la primera carrera en esa distancia, que intentaría después de mi operación.
Cuando nos dirigíamos a la formación de salida, me encontré al equipo de RunMx, a los cuales me dio un gran gusto verlos, se trataba de Jesús Ayala, su esposa y Julio Cesar. Después de intercambiar saludos y un par de fotos, dieron el disparo de salida.
Salimos del estacionamiento del Wallmart, tomando los carriles centrales de Periférico rumbo a Ciudad Satélite, una ruta que conozco de sobra, pues casi durante 36 años la he recorrido cada fin de semana (obvio que en transporte), y cuando me inscribí, sabía perfectamente de la cantidad de columpios que debía de tomar. Llegamos al kilómetro 1 a la altura del entronque de Periférico y la salida a Río San Joaquín, en este lapso vimos pasar a los primeros lugares de los 5K, que salieron 10 minutos antes que nosotros. Seguimos el recorrido y fue en el kilómetro 2 donde comenzaba lo pesado de la competencia, era el entronque de Periférico con la Avenida 1º. De Mayo, 500 metros adelante estaba el retorno para la distancia de 5K, donde comenzaba un pequeño descenso, rumbo al columpio más pesado, aquel que va de la altura de la Unidad Cuauhtémoc del IMSS y que termina en el entronque con la Gustavo Baz, en el kilómetro 4.
A esta altura de la competencia, me sentía cansado, pensé que tal vez era consecuencia de las subidas que había tenido que hacer y a la pequeña molestia que tuve en la pantorrilla durante la semana, así que me di animo, viendo pasar a los demás competidores que ya venían de regreso. Escuche a Julio Cesar gritar “Vamos equipo RunMx”, y unos metros adelante toco el turno de Jesús también dando ánimos “Vamos Sergio, vas bien”. Llegamos a Lomas Verdes donde comenzaríamos un pequeño ascenso hasta la altura de la calle Paseos de Echegaray Sur, desde este punto se veían al fondo las Torres de Satélite.
Tomamos la vuelta en “U”, lo que representaba dos cosas, la primera era que llagábamos al kilómetro 5, la segunda y creo que psicológicamente la que me aturdió mas, es que para llegar a la meta, debíamos regresarnos sobre nuestros pasos, así que comencé a preocuparme por el columpio de la Avenida Gustavo Baz hasta la Unidad Cuauhtémoc.
Trate de disfrutar el trayecto, teniendo una vista que difícilmente se puede dar, al correr sobre los carriles centrales de Periférico. Cuando pasamos la Unidad Cuauhtémoc, sentí muy tensas las piernas, pensé que sería la última subida que tendría que hacer, ya que se me había olvidado el último kilómetro, error de cálculo por la ansiedad de poder terminar la competencia. Cuando llegamos al kilómetro 7.5 trate de hidratarme, cosa que normalmente no hago, pero en esta ocasión, con el sol pegando de frente era necesario, además que una imagen chusca se podía ver a lo lejos, donde todos los corredores estábamos en el carril de alta, porque era el único carril cubierto con la sombra del segundo piso. En este punto varios autos tocaban sus claxon, para darnos ánimos, algunos eran competidores que habían ya terminado la competencia e iban de regreso a casa.
Cuando llegamos al kilómetro 9, el ultimo columpio de la competencia, el entronque de Periférico con Río San Joaquín, fue donde me paso por segunda vez en una competencia, que tuve que dejar de correr para comenzar a caminar, mis piernas no podían más y psicológicamente era cansado ver la subida de los siguientes 500 metros, que terminaba enfrente del centro comercial Pericentro. La primera vez que me pasó esto, fue en Toluca, y es una sensación desagradable, no te ha vencido la distancia pues aunque que sea caminando piensas terminarla, sino que te venció la ruta, porque en mi caso, el peso de 2 meses y medio inactivo pasó su factura. Llegando al kilómetro 9.5, un grupo de corredores sentados en la entrada del estacionamiento donde teníamos que recorrer los últimos 500 metros, nos daban ánimos “Cierren fuerte, es el último tramo”. Esas palabras me alentaron, así que decidí correr, mas con ganas que con fuerza. Cruce la meta en 1:25hr., lo cual me decepciono, como dije, no esperaba romper mi marca pero tampoco esperaba hacer tanto tiempo.
Regresando a casa, pensé en lo que había pasado, recordé un periodo hace unos años, donde me quede sin trabajo, la falta de humildad que genera el alcanzar una posición laboral, hace que uno busque los mismos resultados de manera inmediata, aunque haya pasado cierto tiempo. Al final para conseguir trabajo, tuve que admitir que mis conocimientos se habían vuelto algo obsoletos, por lo que tendría que empezar por actualizarme, aprender y de ser necesario empezar desde abajo. A la semana de esta reflexión conseguí trabajo, tuve que empezar de cero y empezar a crecer nuevamente.
Por primera vez, una enseñanza de vida, la tendré que emplear en el deporte, no fui humilde y honesto conmigo mismo, creí que aun mantendría las condiciones como para hacer una ruta tan complicada para una distancia de 10K, si quiero terminar la maratón como es mi objetivo este año, tendré que empezar de cero, imaginar que estoy empezando a correr, y regresar sobre los mismos pasos que me hicieron tener la marca de 1:06hr en 10K. Si las enseñanzas del deporte me han servido y fortalecido, cuando las he tenido que aplicar a mi vida diaria, porque no tendré un resultado similar, si una experiencia de la vida diaria, la aplico al deporte. Al final del día, la vida nos da enseñanzas en cada momento, lo difícil es darnos cuenta de eso, y tomarnos un tiempo para poder digerirlo y aplicarlo cuando vuelva a ser necesario.
Comencemos nuevamente entonces como dice el blog, desde el kilómetro cero…
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