martes, 18 de enero de 2011

El Motivo de la Motivación

Dicen que para comenzar algo, por muy insignificante que sea, se necesita una motivación, ya que la motivación es la que quitará todas las desidias, en algunas ocasiones los tabús y hasta puede ser, que aporte fuerza de voluntad para que las cosas se den.

Cuando comencé a pensar en colocar un blog, mi principal motivación fue, para ser honestos, ver que otras personas tenían blogs, así que mi cuestión fue ¿Cómo yo trabajando en Sistemas no lo tenía?, así que después de eso, pensé de que iba escribir. Existen millones de blogs de informática, otras tantas de la vida personal de la gente, otros millones de varios temas, así que no quise meterme en muchas problemas y lo deje. Pero entonces me  vino a la mente, hablar simplemente de lo que me apasiona, de deportes, ¿porque no?, ¿de esos hay miles?...si... ¿y que?, es lo que me gusta, pero entró de nuevo la desidia…creo que aunque tenía un “motivo”, este no provocaba la suficiente “motivación” para poder comenzar, así que lo volví a guardar en el baúl de las cosas por hacer.

Y es que me apasiona el futbol americano y gritar un huelum en la tribuna guinda junto a mi esposa, jugar flag al mediodía, esperando recibir el pase que dará la victoria a mi equipo, que mi esposa difiera de una jugada mandada por el coach de los Vaqueros, ver al Atlante en compañía de mi padre y su peculiar exigencia al equipo, recordar el juego de campeonato escarlata en la 9a entrada con mi hermano, en el extinto Parque del Seguro Social, ver junto con mis hijos una carrera de Formula 1 o prototipos, diciéndome que si ese es el Rayo McQueen, o Rey o Chick Malo, ver un partido de Voleibol, recordando al equipo Uchacana del cual éramos integrantes todos mis hermanos y mi hermana, recordar los balones y canchas improvisadas con mi hermano, en el jardín o patio de casa de mis papas, pero aún con todo eso, no fue hasta  que conocí por una necesidad de salud, el diferente pero no menos bello, deporte de las carreras de distancia.

Mi principal motivo para conocerlo, como lo dije,  fue de salud, pero la motivación para dar mi primer paso y mantenerme hasta la fecha, fue la unión familiar que se generó en mi casa, ya que también mi esposa lo comenzó a practicar, además de que provocaba alimentar el ego de ver si podíamos terminar una carrera de 5K, y que mejor la carrera que la IPNOnceK 2010.

11 carreras después, tuve que hacer una pausa, era turno de atender el problema de salud para desaparecerlo de manera definitiva, el mismo problema que me internó en estos retos personales. Gracias a Dios, salí adelante, y fue tanta la alegría, que me motivó a abrir el blog, mismo que durante tres semanas, estuve planeando la entrada y los temas. Hablaría de las carreras a las cuales me inscribiría, regresar un poco de lo que he recibido de gente tan sencilla y maravillosa como Jesús Ayala de RunMx o Luz Elena Arriaga (Luz de Agosto en el mundo del blog). Aportar de manera personal mi punto de vista, sin tratar de competir con nadie, ni mucho menos copiando a nadie, simple y sencillamente, comunicar lo que veo a través de un entrenamiento o una ruta, no con la esperanza de que hagan lo mismo, sino plasmar mi sentir, ya que tal vez, sea difícil hacerlo en persona.

Es entonces donde se me ocurrió, comenzar a escribirlo cuando volviera a cruzar la meta y sentir esa adrenalina de saber que lo volviste a lograr, pensé en el 15 de Enero, como una fecha propicia, sería la primer carrera del año y la primera nocturna que tantas ganas teníamos de hacer; junto con mi esposa recorrería 5km de “Corriendo con las Estrellas”, además tendría un sabor especial, pues ese mismo día en la mañana, habría un entrenamiento especial organizado por el IPN, con miras a la IPNOnceK 2011 y sería en el estadio Wilfrido Massieu, el mismo lugar donde cruzamos la meta por primera vez, aquel donde como puso mi esposa en su Messenger, tuvimos “Otra meta más en nuestras vidas”.

Pero sabemos que la vida y pienso que el mismo Dios, a pesar de todo lo que planeamos, nos tiene siempre guardado un as bajo la manga, ese que no imaginas, ese que espera oculto a aparecer donde menos te lo esperas. Ese as bajo la manga en esta ocasión, se llama Michel, mi hijo mayor, de tan solo tres años y medio.

Llegado el momento y debido al cansancio que resulto del entrenamiento en la mañana, decidimos mi esposa y yo, que correríamos a su ritmo, cruzaríamos la meta juntos para tomarnos la primer foto del año, y de último momento decidimos llevar a mi hijo en la carriola, porque desde la carrera Cartoon, siempre dice que quiere correr con nosotros otra vez, cuando llegamos de entrenar o de correr dice si lo llevamos y que quiere correr, así que si iríamos juntos todo el camino no vimos inconveniente.

Llegamos media hora antes de la carrera, nos ubicamos y comenzamos un pequeño calentamiento. Faltando dos minutos para comenzar mientras que un show de Ironman se daba en la salida, mi hijo dijo que quería correr, no ir en la carriola, así que pensamos darle gusto, y calculamos que antes de llegar al primer kilómetro pediría ir en la carriola. Entonces se dio la salida, mi hijo emocionado, cruzo la salida tomado de la mano de su mamá.




Mientras tomábamos el clásico circuito Gandhi rumbo a Reforma, la gente le daba ánimo a mi hijo, el tradicional señor de los peluches de las carreras paso y le dijo “Vamos Campeón”, mientras que otros más le echaban porras. Por un momento le pregunte si quería ir en la carriola y me dijo que si, en cuanto lo senté me dijo que quería seguir corriendo, y así como se subió, se bajó.

Obvio que al paso del tiempo quedamos atrasados y fue entonces que comenzó algo inesperado, ya con la pista algo despejada le dijimos que corriera libre por la calle, entonces comenzó a correr sin detenerse, tuve que aplicarme a fondo para alcanzarlo en un par de ocasiones, pidiéndole que se detuviera, con el pretexto de no perderlo de vista, y en parte porque entre la carriola y la maleta en la espalda, resultaba difícil mantenerle el paso. Así estuvimos hasta cruzar el kilómetro uno, a la altura de Tlaloc sobre Reforma, le dije a mi hijo si quería sentarse y dijo que no. Seguimos corriendo hasta el kilómetro dos, a la altura del cruce de Chivatito y Reforma, en ese momento mi esposa se alejo un poco de nosotros, mientras mi hijo aminoro el paso y yo tome un par de fotos, pues una idea del blog, es colocar las fotos kilómetro a kilómetro de la carrera.



Me preguntó, ¿que hay abajo?, pues dimos vuelta a la derecha para tomar el paso a desnivel de Rubén Darío rumbo a Chivatito, y le dije que para ver tendríamos que llegar al foco (uno que iluminaba el puesto de abastecimiento del kilómetro 2.5), y ni tardo ni perezoso corrió rumbo al foco. Fue hasta entonces que acepto sentarse pues le comente que debíamos alcanzar a su mamá que ya se nos había perdido de vista en el túnel. La alcanzamos en el kilómetro 3 bajo el túnel y se volvió a bajar, nos acompaño a nuestro paso hasta volver a bajar en el paso a desnivel de Chivatito, subiéndose a medio túnel (kilómetro 3.8 aproximadamente). Seguimos a paso lento mi esposa y yo sobre Arquímedes, para tomar Tres Picos hasta Hegel, fue ahí donde por sorpresa mi hijo comento que quería bajar otra vez, tan solo había descansado un total de 400 metros aproximadamente, fue entonces que nuestro asombro creció, si bajaba y llegaba a la meta habría corrido con nosotros un total aproximado de 4Km, y así fue, no se volvió a subir a la carriola, tomamos Rubén Darío hasta Shiller para retomar Gandhi, donde estaban los últimos 50 metros de la carrera, le pusimos su gorra de El Chavo, y con orgullo le dijimos  que cuando llegáramos a la meta alzará los brazos. Emocionado corrió los últimos metros mientras la gente le aplaudía y lo animaba, y claro que uno que otro le decían “Bravo Chavo lo lograste”, se volteo y me dijo, “Papi esa gente me dice que soy el Chavo”.





Y así fue como llegamos a que le dieran su fruta, su agua, su Powerade y muy en especial su medalla!!!. Se la gano a pulso, corrió cuatro kilómetros a nuestro lado, disfrutando la carrera, diciéndonos, “Vamos Papi”, “Vamos Mami”, pero  muy en especial, demostrándonos que el único límite humano está en nosotros mismos, los niños no tienes estereotipos, ni ponen límites a sus sueños, no sabe lo que es un metro pero ya corrió 4,000, solo con la esperanza de que le reglaran una medalla y la colgará con las demás, para después presumírsela a sus abuelas, tías, primos, tíos, y a todos los que pueda. Pues esa medalla significa que hizo algo junto a sus padres, algo que por un momento lo hace sentirse grande, cuando en realidad se vio enorme, con la enseñanza de que los limites solo existen para ponernos pretextos ante el fracaso y la desidia.



Hoy más tranquilo después de lo que paso, encontré mi “motivo” que me provoca la “motivación” de escribir. Porque mi hijo me recordó que comenzamos a correr y practicar deporte, porque nos creímos capaces de vencer nuestras propias barreras, donde no nos importó la pena de llegar al final, sino el orgullo de haber vencido a nosotros mismos, ese que se levanta día a día, diciéndonos que no somos capaces de hacer las cosas, en especial las que cuestan trabajo, y que busca la comodidad de los pretextos, para permanecer en el mismo estado todos los días, en esa zona de confort del cual tenemos miedo de salir. Escribiré de las carreras para transmitir lo que cuesta trabajo describir con palabras, como con cada paso, los runners y los deportistas, volvemos a ser niños, que al igual que mi hijo, no sabemos de metros, no sabemos de kilómetros, solo sabemos que de alguna manera y en alguna forma, al cruzar la meta, hay una recompensa y una satisfacción para cada uno,  y poder decir, soy tan grande y merezco el mismo respeto, como el primero, pero también reconozco que el ultimo es igual de grande y merece el mismo respeto que yo, porque nos atrevimos a recorrer esta ruta por el solo hecho de creernos capaces de hacerlo, dejando atrás lo que pudieran pensar o decir de nosotros.

Gracias a Dios y gracias a mi esposa e hijos, por demostrarme una vez más de lo que somos capaces.


1 comentario:

  1. Gracias! Me emocioné con el relato! Mi hijo es mi motor de vida pero aún no se anima a correr tanto conmigo, ojalá pronto pueda compartir esa emoción de varios kilómetros.
    Felicidades y gracias por compartir!

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